Propósitos

15/08/2017

Al final, las circunstancias y el día a día, nos impiden, o eso decimos y ponemos por disculpa, que no tenemos un rato para hacer algo de deporte al menos tres días a la semana; por más que lo intentamos, la dieta mediterránea no forma parte del menú diario donde comemos, somos incapaces de dedicarle un rato al inglés, pero los partidos de la Champions no nos perdemos
ni uno, y nuestros hijos nos siguen mirando de forma acusadora cada vez que les prometemos que mañana les ayudaremos a montar su juego favorito. La cuestión es que al final todo son disculpas, vagas disculpas que ponemos para no coger el toro por los cuernos. Habrá honrosas excepciones, y estoy seguro que para quienes son capaces de transformar sus intenciones en metas, tengan la clara
conciencia que el esfuerzo merece la pena. Esto es lo que ahora toca en nuestras empresas, y este esfuerzo es el único que nos puede valer y compensar si no queremos vernos abocados a dar muchos, muchos pasos atrás. No valen ya las excusas: ni el día a día, ni la crisis financiera, ni la crudeza de las estadísticas; nos vamos a jugar bastante en los próximos meses, probablemente como país, mucho, y cada una de nuestra empresa, su futuro inmediato con independencia de reformas y leyes. Es verdad que en autopista se corre más que por caminos y carreteras llenas de baches y curvas peligrosos, se requiere siempre de buenas condiciones para obtener mejores resultados con el mismo esfuerzo pero no puede haber excusas o razones que no nos hagan ponernos mano a la obra: nuevos clientes, nuevas competencias, nuevas productos y servicios. No lo afirmo yo ni mucho menos, lo dejó escrito Einstein quien seguro ha sido una de las mentes más brillantes de la Humanidad: “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo…”, y mucho menos pretendamos que eso sea así si no somos capaces de hacer lo que ni siquiera nos hemos propuesto.

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